Kintsugi: El arte de valorar las caídas

El Kintsugi repara las heridas, llenándolas de oro.

En términos generales, todos entendemos que, a lo largo de la vida, uno se cae. Y que esas caídas, ya sean físicas, amorosas o laborales, siempre dejan una marca en nuestra memoria. Sin importar si la herida es profunda o superficial. Una cicatriz que nos ata a ese momento de la historia.

Sin embargo, eso está dejando de ser compatible con el mundo que nos rodea. Nuestros abuelos aprendieron a comprar su patrimonio y a repararlo en caso de estropearse. A nosotros, en cambio, se nos ha inculcado una cultura desechable y superficial.

fuente: bigbangip

Si hoy se descompone cualquier artefacto, resulta más “barato” y sencillo el tirarlo y comprar uno nuevo que repararlo y seguir con su uso. De hecho, en muchas industrias existe una obsolescencia programada. Esta se diseña para forzar al consumidor a ir actualizando el producto cada par de años.

Pero si las cicatrices son nuestra conexión con ese momento de trauma y, por lo mismo, de aprendizaje, ¿qué repercusiones tiene una sociedad donde todo lo que se cae, se tira a la basura? Donde no hay huellas, no hay memoria.


Lo perfecto de lo imperfecto

Afortunadamente, aún quedan lugares con una estética basada en la belleza de la imperfección. Donde las marcas del pasado no restan sino que suman valor a un objeto, y por ende a quien lo posee.

fuente: stbooking

En Japón, por ejemplo, se celebran cualidades como asimetría, aspereza, sencillez o ingenuidad, modestia e intimidad. En vez de reponer lo viejo con lo nuevo, se considera a la reparación como un proceso de transformación y crecimiento. A esto se le conoce “Kintsugi”.


¿Qué es el Kintsugi?

El Kintsugi es una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto. Se cree que deben mostrarse en lugar de ocultarse. Incorporarse y además, hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia.

Concretamente se manifiesta como una técnica de origen japonés para arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino.

Esta tradición considera que la complejidad de la reparación transforma estéticamente la pieza reparada, dándole así un nuevo valor. De esa manera se da el caso de que antiguas piezas reparadas mediante este método sean más valoradas que piezas que nunca se rompieron.

Sin embargo, el Kintsugi no se limita a la cerámica. A lo largo del tiempo, esta filosofía japonesa se ha expandido a otras regiones del mundo. Invitando a diferentes profesiones a cambiar su perspectiva en torno a las reparaciones.

Kintsugi en Arquitectura

En arquitectura, por decir una, se está generando una tendencia de recuperar materiales originales o detalles característicos de una fachada y resaltarlos. Así se presume el valor histórico del inmueble y generar un puente entre el pasado y su futuro.

En México, tenemos el referente de BAAQ Arquitectos. Un despacho que se percató que cada vez que un desarrollador inicia un edificio lo primero que hace es demoler para después construir el nuevo edificio.

Kintsugi en el Covive Jardín Velarde

Esto implica una gran pérdida de valor, económico y la mayoría de las veces arquitectónico. O al menos en la Ciudad de México que cuenta con una gran riqueza arquitectónica. Ellos en cambio, inspirados en el Kintsugi japonés, intervienen edificios existentes, enalteciendo sus grietas y su herencia histórica.


Kintsugi en la Ciudad de México

Un ejemplo de su trabajo es una vecindad antigua en la colonia Roma Norte, donde en vez de reemplazar el azulejo original, decidieron darle acabados en color oro, entendiendo las fisuras como una virtud estética.

Además, parte del edificio se ha rediseñado, por parte de CoVive, startup que ofrece soluciones en temas de vivienda, para que sea un proyecto de coliving. De esta manera, cualquier interesado puede ir y experimentar lo que es vivir en una vecindad antigua con acabados modernos. Compartiendo los espacios y dejando su propia huella en la historia del inmueble.

Así, además de ahorrar recursos, podemos percibir la vida que alguna vez habitó ahí, esperando que nosotros podamos aprender de sus caídas.

Kintsugi en el Covive Jardín Velarde